MARÍA EUGENIA MORRO GERAS
En los años 50 del siglo XX, había en San Vicente de Alcántara un sacerdote austriaco llamado Don Ignacio, muy buena persona, humano y caritativo, al cual le hicieron una casa en los Canchos Blancos. Estuvo viviendo allí varios años, hasta que se marchó a Cáceres capital.
Le gustaban los trabajos manuales, y tenía muchas clases de herramientas.
Mi padre fue a catequesis varios años, y un día, siendo monaguillo, Don Ignacio le preguntó una tarde si ya había hecho la Primera Comunión.
Él dijo que no, a lo que le respondió el sacerdote: "No te preocupes, aunque no tengas traje y no esté programado, hacemos una misa para ti y para mí". Y así fue como mi padre tomó este sacramento cuando tenía 10 años 

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